Oh, hidalgo caballero
que cabalgaste entre estrofas
en tus libros, tus poesías
hallé gracia y armonía.
¿Dónde estarás noble
amigo?
¿En qué cielos encendidos
te hallarás en tu hermosura
te pasearás noche y día?
Tu alma tan clara y pura.
Tu dialeccto y gentileza,
fue la fuerza de una estirpe,
de los llamados poetas.
¿En qué trono tan ilustre
te habrá sentado el buen Dios?
Hecho de oro y rubíes
te lo hubiera armado yo.
¡Viva tu esencia e hidalguía
que enseñoreó el castellano
y dejó de puño y mano
tu sentir y tu nobleza!...
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