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Hola, mi lejano
amor:
Escribo estas líneas desde el exilio que nos hemos
impuesto involuntariamente, por tu alejamiento intempestivo
y el mío.
La soledad quiebra mi pensamiento, grita incansable mi corazón
tu nombre y entre lágrimas y tristeza te proyectan
mis ojos en alucinaciones dolorosas inalcanzables.
Te pido con urgencias exigentes que vengas a mi lado y estés
junto a mi; porque mis noches son largas y frías sin
tu amoroso calor.
Me haces falta y te deseo ardientemente.
Deseo beber del néctar de tus labios y mutuamente embriagarnos
del licor del amor, de su divino elixir, hasta fusionarnos
en cuerpo y alma.
Ven mi lejano amor, retorna, pues me acostumbré al
latir de tu pecho junto al mío en las danzas acariciantes
del divino placer. Esta mi soledad grita a toda voz que quiere
tu presencia contra todo cuanto nos lo impida.
Ven a convencerme que el tiempo nuestro para abrazarnos es
escaso, y que por tanto es un ruego que mires a mi alma que
siempre será el refugio de tus ansias.
En vano pretendo entender el cómo cada célula
de mi cuerpo te adora, te extraña y te sueña,
porque eres una dulce melodía alegrando los latidos
de mi corazón.
Se también que no somos perfectos en el amor, así
como estamos a distancia, pero nos amamos con tal realidad
que somos felices, porque nos llenamos con tanta pasión
y calmamos nuestras quimeras, descubriendo nuestros reales
y ardientes deseos, silenciosa y lejanamente.
Regresa ya, mi lejano amor, quiero tenerte, abrazarte y no
extrañarte más, rompiendo las barreras del tiempo,
el espacio y las lenguas de la gente.
Regresa ya, mi amor.
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