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No me ves de negro
pero visto luto riguroso.
Arrancadas la sal y la pimienta,
todo me sabe a nada.
Ya sin motivos para temblar,
a la vida le han salido de golpe
todas sus canas.
Al funeral fueron nuestros dos orgullos,
el tuyo y el mío,
elegantes figuras tristes
detrás de la comitiva,
fingiendo no ser los asesinos.
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