Que
no vuelva a ver llover
el norte de tu soledad,
ni te vislumbre
en el costado de una vida
centrada en pormenores,
mientras lo que de verdad importa,
tu y la rebelde primavera, retrocedan
el gélido instante en que te detiene el miedo.
Que volvamos a ver
un horizonte lleno de personas
fraguando ternuras
y dejando yermo de tus lágrimas
el norte y sus senderos,
mientras la vida en el centro,
se tiña de todos los valores
de antaño, aunque,
dejemos de crear creyendo
en otros dioses,
en otros cuentos.
Que no vuelvan a sollozar
soluciones efímeras,
fracasos en inicio,
si no grandes proyectos
con recursos en todos los puertos
del norte,
y los puntos cardinales que le dan sentido
a sus senderos, y
puertos.
Que no volvamos
a los márgenes,
laterales de muerte,
desesperos
y miedos,
que hoy la vida sea la capacidad
de guarecernos en el centro.
Que vivamos más allá de los márgenes,
que vuelva la vida a puerto.