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Estaba
jugando con mi amigo Jairo, cuando mi “Reina”,
a pesar de mis continuas advertencias salió a pasear
a caballo y sin escolta.
Salió creyendo que todo era de color de rosa, que
los pajaritos cantan y las nubes se levantan. La chica estaba
de muy buen ver, pero era más inocente que un bebé
y pasó lo que era de esperar. No puedo culpar a mi
amigo por lo que hizo al verla sola e indefensa, cantando
una de Carlos Gardel y saltando de cuadro en cuadro. Aunque
yo en su lugar, después de raptarla, no le hubiera
dado un hijo, hubiera tomado mis debidas precauciones y
más en casos así “de aquí te
pillo y aquí te mato”. En fin, son cosas del
querer... del querer echar uno rapidito.
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