Márchate de mi gramática,
de mi semántica, de mi léxico, de mi verbo,
de mi carne. Esfúmate de mis cuadernos.
Sal del engranaje de mis bolígrafos.
Alquila un lugar para vivir que no sea mi teclado.
Abandona mis tardes de cine clásico, emigra de
mis desayunos frente al periódico.
Condimenta la mermelada de otras para que tengan tu sabor.
Lárgate del cobijo de mis vísceras.
Parte hacia otro lado: le has cogido el gusto a viajar
en preferente y recorrer mi sangre.
Aléjate de mi lírica, de mi prosa. Deja
en paz mi literatura.
O quédate del todo y cierra la puerta.
Las sábanas están revueltas y mi cama exige
tu explicación detallada del "carnem-levare"