| Mi alma y
cuerpo le aman con la consecuencia sabida;
con la decencia adormecida, con él “un poco
más todavía”,
con tanta decencia indecente que ni la vergüenza de
un
adolescente cuando mira a los ojos y de frente; con la
soberbia del nuevo día y la ternura de una luna dormida.
Pero es él, él que no escucha ni entiende,
por más que mi
alma paciente a mi cuerpo le desmiente, se encapricho del
camino que quizás sea sin destino pero tus huellas
fervientes, se clavaron como dientes en el corazón
dormido de este que escribe y no miente;
y ¿como se lo digo yo?, si ni escucharme consiente.
Tan solo pido perdón y decir que lo he intentado
sin haberlo
yo logrado y que a mí me lleve dios si este que escribe
miente.
Tan solo pido perdón; perdón por una y mil
veces, pero a este corazón quién le dice que
no puede de sentir lo que ya siente, a usted le pido perdón...
por amarla locamente.
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