Cada día se hace más laboriosa
la piedra de tu ausencia,
mi piel ansía adornarse con tus rizos,
ensordece su color
sin tu ruido de pasos y de puertas.
Lo sabía,
sabía que algún día
desearía tu desorden
como una danza a mi alrededor
dando vueltas amarrada a tu sonrisa.
En otra ciudad saboreas
la dulce libertad,
el néctar del impredecible futuro
que anda pisándote los talones.
Mientras, tú
convencida de lo que esperas,
mientras, yo
con esta pesada piedra.
Levitando en el espacio-tiempo
que pierde su sentido
cuando regresa tu recuerdo
a ofrendarme abrazos y besos.
En tu ausencia
arriban instantes de juicios
azotando el inconsciente
por la madre que no fui…
por la que quisiera haber sido.
Entonces proyecto al universo mi piedra,
esperanzada en la espera
de un compasivo trueque,
y siempre, siempre, llega
un inconmensurable amor de vuelta.