Podría llorar,
decir palabrotas,
quejarme,
escribir poemas
que levantaran ampollas,
que acallaran las lenguas
deseosas de venganza,
versos que enjuiciaran,
que maldijeran…
Y para qué dar de comer
al insaciable afán de crítica
y al cómodo reproche
que muerde las orejas,
enciende la rabia
y frunce las cejas
ejecutando nuestro único perdón.
No digo yo
poner la otra mejilla,
no sugiero resignación,
no propongo indolencia
ni mirar a otro lado,
no, no me creo diferente a ti
pero
he decidido expresar
mi intención benévolamente.
Sospecho que solo puedo cambiar yo,
atesoraré las lágrimas para otra ocasión.