Uno tiene muchas, muchas preocupaciones.
¿Habrá un lugar al que llevar a los niños
cuando sufran una afección grave y probablemente
mortal si no se actúa?
¿El coche podrá conservar el brillo en la
chapa durante unos años más?
¿Efectivamente hemos hecho lo correcto al pedir
un dictamen para subir la potencia?
¿El seguro cubre esos pequeños inconvenientes
derivados del deceso de nuestros padres?
¿Será realmente fiable dejar las tarjetas
de crédito en el interior de la habitación
del hotel?
¿Y este picor en el oído derivará
en una sordera?
¿Será cierto que al morir desaparecerá
todo: el ahora, el ayer, la identidad, cualquier posibilidad
futura?
Uno tiene preocupaciones de gran índole que tienen
que ver con la higiene,
el orden,
la apariencia de los dientes,
la vitalidad del pelo,
la caída de los tejidos de punto.
Uno se preocupa por insectos mentales que roen las esquinas
de la perfección,
carcomas que minan los perfectos salones sin asomo de
polvo, ácaros, impurezas .