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Sería una absurda necedad culpar de nuestros deslices
a una cáscara de plátano. He dejado mi corazón
a merced del viento marinero y en la cabeza de un juego de
prendas; he visto como algunas lunas huyen de la realidad,
dejando caer prendas a sus pies, para abrir nuevas brechas
a la imaginación perdida. El honor es hoy, un poema
sin título, un absurdo que anota los goles del viento.
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A
LOS BESOS DE UNA AMANTE (IV) |
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He encontrado en el mar, botellas perdidas con poemas o cartas
que narran absurdas historias de amor; la nueva vida con la
que se identifican los jóvenes, en nada se parece a
los regalos con los que nos seducen los ángeles. Me
he embriagado con los mejores caldos de la poesía.
He intentado producir el mejor vino, para vivir embriagado
con mis versos. La poesía es un vino, sutilmente oloroso
a campiña, a virgen, a mamita linda. Sé que
escribiendo poesía, nunca abandonaré al paraíso.
Braceando casi agonizo; escasamente pude tomar un poco de
aire, para llegar a duras penas a la orilla ¿del cielo
o del infierno? ¡da lo mismo: calor o frío! Los
amores imposibles siempre nos abandonan en el borde del abismo.
Nunca conocí la carta de mi amiga suicida, quizás
nunca la escribió, para evitarme remordimientos.
He aprendido tanto de mis escombros, que pregono como revelaciones
divinas, sus enseñanzas a los ciegos. Mis textos son
extensos como la línea de un suspiro. Mis ángeles
moran en cuevas como los murciélagos y transcriben
sin encender la luz, los versos que rescata de las cenizas,
la espada. He vencido a los demonios e las tinieblas. He rescatado
mi alma de la desesperanza. ¡Lástima que las
oraciones se pierdan en el limbo, sin respuestas! Ahora siembro
mis esperanzas en la tierra. La voz de la estafeta se pierde
en un absurdo eco, cuando encuentra deshabitada el alma.
Todas las cosas deben tener un espíritu interior, una
red de recuerdos, una colcha de lágrimas. Me siento
desahuciado, deshabitado como un talego de ilusiones sin corazón.
He sido una apocalíptica pesadilla y he pagado por
culpa e la amnesia de Dios, más de dos veces con tormentos.
La soberbia nos hunde en las metáforas del fin, en
las tormentas bélicas de las soledades, en los números
binarios que nos cosifican, en la tecnología que nos
absorbe y en el sistema que nos borra con un insignificante
clic. La verdad no dejará de ser un leve canto popular
y el paraíso recuperado, un paraíso de perdición,
un cuerpo para que se ejerciten nuestros sentidos.
Me encanta el placer desenfrenado que nos brindan os pecados
capitales, los descarrilamientos y los naufragios, por culpa
e la velocidad que lleva el mundo o nuestras vidas.
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Tenemos que aprender a razonar como los que concibieron el
vuelo, a pesar e tener conciencia de que carecíamos
de alas.
Nos hemos convertido en apocalípticos ángeles,
avaros de lo material y con una insaciable sed de lo temporal.
Nadie intenta ahora entrar al cielo; aunque con diezmos se
intenta sobornar al cerrojo cancerbero. Pregono la era de
los hombres pájaro y el gran triunfo del alma, sobre
el destino murte del hombre mediocre. |
El alcohol potencializa los viajes del alma por el paraíso
o por el infierno, como los ángeles cuando desaparecen
por un tiempo y dicen que estaban desarrollando fórmulas
en el desierto.En una mujer accesorio, el alma nunca encontrará
la paz.
A nadie fastidio con mi agonía, pero también
sé que es imposible que el Sol se suicide, porque no
es de carne, ni tiene sentimientos. Llevo las canciones de
los ángeles de Nueva Orleáns en el corazón;
pero he tapado con boleros las goteras e mi alma. He perdido
la fe, por culpa de las catástrofes apocalípticas
que veo y que han reducido a casi nada, la poca confianza
que tenía en las oraciones.
Nos acostumbramos a navegar ríos de sangre, en tiempos
absurdos que llamamos de paz. ¿Será que Dios
nos castiga para perfeccionarnos, templando nuestras almas
con fuego? Me encanta divagar por el papel, cantando el absurdo
de las imágenes que se interpretan en el carnaval teatral
de los tontos o en absurdas representaciones en público
que no valen cinco centavos. Somos dos veces imbéciles,
los tontos que no le pasamos una cuenta de cobro a los dirigentes
que se eligieron. Todos nos imbecilizamos con absurdas parodias,
que no son más que la burla de nosotros mismos; muchos
terminamos enamorados de quimeras, otros de mujeres-vaca y
otros, los que creyeron un día en el ratoncito Pérez,
terminaron pedaleando y pedaleando, para creer que le estaban
dando vueltas a la vida. Voy a adelantar mi reloj, para abandonar
esta melancolía y despistar al infortunio. Me intrigan
las razones y las respuestas, que encuentran los que intercambian
de pareja. Sé que mi vida se podría reducir
a un poema de pocos versos, pero ahora la literatura se paga
por cuartillas. Un filósofo retórico siempre
será más comercial.
Algún día conoceré, la Europa que ha
imaginado mi corazón, ¡desafortunadamente la
veré con otros ojos y con el sentir de un sobreviviente
de la guerra! Intentaré publicar en reenvíos
de Internet, hasta darme a conocer por este medio surrealista
de editar. No voy a despedirme del tiempo perdido para siempre,
ya que él me ha enseñado quién soy. Dudo
de la escritura automática, que desconoce la técnica
el tejido de punto o de la ingeniería de las telarañas.
Escribir poesía es como improvisar trovas, cuando se
le canta a la sangre de una rosa herida o a esas penas que
zarpan sin voltearnos a mirar. No sé que más
desean mis labios de la sangre del pan o del clamor de los
labios madrigueras. Quiero bañar como el río
a tu piel y echarme a dormir como una almohada, cubierto por
tus cabellos. “Sé que no moriré de sed
ni de viento”, canta el gallo de mi dulce amante, en
un madrigal con ojeras, pero que no habla de matrimonio. ¡Casarnos:
sería despedirnos del amor y la vida! El beso de una
amante, siempre será el hermoso prólogo de un
doloroso epílogo, en un solo suspiro sostenido, sin
pestañas ni pensamientos. |
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