I
Tu tiempo sin mí
es en mi rosa un despojo,
refugio de recuerdos
en un presente
que va hacia ti sin mí,
como la contradicción de las olas
derrotadas en la arena.
Y sé que estoy delante
de la primera línea de las rocas.
II
Nos precede la rosa abierta,
los pétalos sumisos en tus ojos
como la perversión de nuestra imagen
en el espejo donde recibimos la noche.
Voy hacia tu palabra
y en ella encuentro mi propia Ítaca.
La rosa se hace carne
y habita en tu paisaje,
es la fermentación de la memoria,
el sol muriendo cada día
en la extensión de tu mirada
al vuelo que se eleva
como alas de hormigas
que adelantan la lluvia.
Y tú y yo guarecidos en las sombras
de los lirios crecidos
junto al mar que haces tuyo.