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El
silencio nutre mis labios.
Devuelven vuestras voces
la
vida a mis entrañas
Me hablan de quién fui,
oculta la luz de aquellos ojos,
ausente
de mí misma
mirando en el vacío
en lo desconocido de mis muertos,
que habitan la penumbra.
Pero quedáis vosotros
lejanos
los susurros
del pasado esquivo
que borda precipicios.
Aunque no sea la misma
que dibujaba pájaros
y
besos de lumbre,
este amor es la huella,
el rastro perpetuo
que abraza mi sombra.
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Me quedé
al raso sola en el asfalto
una fuente de nombres vaciaron
el agua que regaba amaneceres.
No vendrá más la luz en primavera,
ni mi nombre será quien nos abrace
en la oscuridad dueña de los sueños.
Como yegua que para rehusando el salto,
la esperanza detiene su andadura
y solo es ya un reflejo en el estanque
en cuya orilla oíamos campanas.
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