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EL
UNIVERSO REQUIERA ETERNIDAD
(del texto poético-escénico DON MENOR) |
Lo saben las Moiras, que aparten sus manos
Caeré en el abismo,
en el fuego sin luz.
Y los ponientes diversos y rojos que miro cada tarde
serán el recuerdo
de un solo poniente
y enumeraré los seres del mundo
les pondré nombre
para sentirme más cerca de la eternidad.
Y te amaré porque
cuando despierto junto a tu espalda, tus dedos
parecen hechos de la misma sustancia infinita de la noche
tus manos arden en ansias por asir la vida.
Una luz íntima se difunde entonces:
no hay mejor manera de nombrar la ternura
que el tenue rosado de tu cuerpo.
Amaneces.
Te iluminas.
En momentos como éste, la vida es
demasiado pobre para no ser
Ni tempestad de espadas ni alimento de cuervos:
hoy la que corta el hilo no osará alzar la hoja
Hasta el aniquilador de la prole de los gigantes
nació de un
acelerador de partículas austeras.
¿Qué he de temer ya sino a mí mismo?
Quien muere sólo pierde el presente.
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