La insurgencia absoluta
atenazan nuestras naves
La vida es nuestro don menor.
Pobres esclavos de nosotros mismos, puesto que los
Dioses, ¿recuerdas, Friedrich?
¿O fuiste tú, Razón, la más absurda
de las mentiras?
Los dioses, digo, nos premiaron con el mayor de los dones:
La Muerte.
La Muerte, sí, amigos,
sí, hermanos,
sí, navíos rotos
Todos vosotros.
La Muerte liberadora.
No temáis, oh, no, que reniegue
de los trabajos y los días.
Átomos serán
y en átomos
moléculas apenas
del sueño de un Dios
Somos…
Quiero decir…
Nos convertiremos. |