Por las noches al acostarme no siento
ninguna ilusión, no tengo ningún deseo,
me levanto ahíto de dormir sin soñar
de postrar mi cuerpo en un no vivir
de mi espíritu envuelto en tinieblas,
mis días destilan pensamientos vacuos
en una vida plena de monotonía,
encadenado al carro de mi existir
deslizándome con él por el tubo
del tiempo voy contando ranuras
por donde atisbo luz del mundo soñado,
del que pudo y puede ser, el que repele
la desigualdad monolítica establecida,
mis días pasan en total indiferencia
ausente de mí mismo con dolor
contenido que oprime mi pecho.