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Abierto y afable
como un venero
fresco en la ciudad de Marcelo.
Apuesto como un roble portentoso,
ágil en el verbo y elegante…
desgranare poemas con soltura,
cubierto de rocío y madreselvas.
Paseare las sienes argénteas
Por todos los foros culturales
De la solariega Córdoba.
Es pastor de gacelas y ciervas,
Y come naranjas, granadas y sandías…
En fuentes de cristal primoroso:
Su mesa, repleta de manjares,
Aromas y sonoridades magníficas;
De mirto, lleva en el ojal, la prueba.
Hombre prudente donde los hubiere,
Sereno y vital, como una noria;
Ágil como un corcel lisonjero,
Cuaja, las lunas, en sus manos,
Adecenta la luz más íntima,
Decora las estancias con arpegios;
Abre los brazos, plenos y amistosos,
Por guardarte en su corazón en calma,
Brindándote calor y aquiescencia;
siendo como un gran patio sureño,
En donde el surtidor fluye exacto:
Acogedor, luminoso, sosegado.
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