Para
Fernando R de la Flor, que pasaba por allí
Puedo empezar así
con la formalidad
de versos heptasílabos
pensados a medida,
con los versos dispuestos
a recorrer las calles
con aquella alegría
de cuartel y montaña,
cuando tú, mamá rota,
me dejabas salir.
Pero estaba en la tienda
para vender contigo
los hilos de la calle
que cosían los meses,
que cosían las manos.
Pero estaba en la tienda
para forrar contigo
los botones del mundo
que abrochan los paseos,
que abrochan las facturas.
Pero estaba en la tienda
para escuchar contigo
los problemas de todas
que desbordan la pena,
que desbordan la calma.
Mamá, yo era una niña.
Y
había mucha cola.
Y
ganas de escapar.