Pobres los refugiados que caminan
con los bultos a cuestas
pobres los que cargando su vida en sus espaldas
se hacinan en los campos inhumanos.
Pobres los que sostienen sus cabezas
con esa indiferencia brutal de toda Europa,
pobres los dirigentes de naciones
pobres los dirigentes de gobiernos.
Pobres los que deciden pasar en una barca
el mar Mediterráneo y sus olas,
pobres los que con su miedo cargan las mochilas
y muchas veces se hunden en el fondo.
Pobres también los hombres y mujeres que huyen
de aquel horror, que quieren encontrar para sus hijos
una escuela tranquila donde no exploten bombas
donde los profesores los aprecien y quieran.
Pobres, también nosotros que les llamamos pobres,
que vivimos tranquilos con nuestra casa puesta,
con sofá y zapatillas y una sopa caliente,
pobres que no se nos cae la cara de vergüenza.
Y yo, pobre de mí, pobre y bien pobre
que solo sé quejarme en un poema
pero no hago gran cosa,
solo olvidarme de ellos para no sufrir más.