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“Nada
puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso
que
sea que no se apague”.
Pedro Páramo.
Vamos cotejando los recuerdos,
como si cosiéramos una inmensa manta
de cuadrados de patchovrk.
Demasiadas piezas que no encajan
en esta pretendida memoria histórica
que nos vamos recomponiendo.
¡Cuántos retales ni coinciden!
¡Qué subjetivos somos al narrar los hechos
que hubiéramos debido guardar
en el mismo y común pasado
si hubiéramos tenido la paz provinciana
de envejecer juntos!
Quizás cada uno lo deshilachó o bordó
después de tantos naufragios como vivimos.
Quizás lo que para uno fue terciopelo,
para el otro fue barata arpillera.
Quizás cada uno solo guardó una sola parte
y el otro se inventó la mitad que falta.
Tú recuerdas el primer beso
y yo cuando me plantaste para casarte con otra.
En algo sí coincidimos: tú, en mis afrodisíacos
estofados de conejo con chocolate
y yo, después en la quemazón
de tus manos desnudándome con urgencia.
Así poco a poco, riéndonos de la vida,
con un hilo de amor-hermoso,
y la larga hebra de cariño- caramelo
nos vamos remendando, mutuamente,
la piel de la memoria.
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