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No me lleves a
la Isla
Terçeira,
jamás, ni a la segunda.
Llévame a la anterior al nacimiento,
allí donde las aves silenciosas
vuelan en el vacío, allí donde las olas
no llegan a morir, dientes de espuma,
porque el color no existe como tampoco el alba;
a las playas sin nombre
donde el dolor no ha puesto todavía
su pie,
a la Isla de la Nada
donde no es necesario ni el olvido.
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