Despiértame,
en la noche añil de luna de abril
que aviva al poeta vencido,
cuando todos duerman sus sueños desvestidos.
Escribiré los trazos de cuerpos abrazados,
cuando la rotura del ocaso en la aurora embravecida,
corre su tupida cortina a la noche abolida.
Serán nuestras manos las que dibujen...
los anaranjados perfiles del nuevo día
en desnudos cuerpos ávidos de poesía,
vestidos con los primeros rayos
asomados como avanzadilla.
Tu, y yo, y ese poeta cohibido que escondido...
describe el eterno abrazo de abrazos
amotinándose a ese empuje del tiempo,
rescatando en garabatos...
el adormecido rumor del rubor de ese beso
que es intenso,
deteniendo en los labios el aliento de su alimento
en el revés del éxtasis febril,
donde abdica el correr del tiempo,
mutilando así...
el bostezo del último segundo... de la luna de abril