Semilla que crece y crece día a día siendo árbol
de tu vida, Cervantes, Lope, Calderón… ramas
que guían inspirando al tallo que se enfila en palabras
del alma que tu pluma atrapa en negra tinta, que es la savia
que paren benditas líneas entre versos que son poemas
que es poesía.
Frutos primeros que no dudaste lanzarlos al viento, abrazado
por la gente de tu pueblo.
Ilustre en tus años de Ave Maria, joven mozalbete de
salmos y cleros quisieron los Dioses de todos los cielos abrirte
caminos, moldeando tus pasos y con rayos de luz te revelaron
buenos maestros, grandes hermanos.
Quien dijera que no fueren amigos si entre críticas
estilizaron la textura de tu pluma…
Alberti, Cernuda y hasta Pablo Neruda, horneando a fuego lento,
el pavimento, a más caminos y senderos. Que fueron
malos tiempos aquellos, que estalló en guerra…
cruel tormento.
Republicano y buen soldado apresando la angustia del llanto
que no se rinde al látigo del ego ni al yugo del más
perverso.
Cuantas páginas leídas de vida, de dolor, con
la espalda pegada al paredón, que fue tu boca de versos
que no se dejó sellar ni con tus más deseados
besos… la que te llevó preso, que fueron muchas
las cárceles de España las que vieron desfilar
tus huesos, que fueron sus frías paredes las que lloraron
tu tormento.
Te fuiste joven, alma de poeta-cabrero, sin quebrar las alas
del pensamiento, volaste entre espasmos que son muerte…
arrancando lágrimas forjadas al yunque de los lamentos.
Cabeza alta, orgullo bien puesto, te ganaste las alas del
coraje… entre las rejas de tanta cárcel.
VUELA… a tu verde sierra, a tu pueblo…a tu amada,
a tu Orihuela, VUELA… Miguel Hernández, poeta
y cabrero, VUELA... a tu cielo que es mi cielo. |