Estás en > Mis Repoelas > Colaboraciones >
        María Isabel M. Gilaranz

CUENTOS Y RELATOS

 

DONDE SE ENTIERRA EL OLVIDO
CAPITULO 4

Al llegar a la frontera, los guardias pararon el coche e hicieron que bajaran todos, registraron el coche, pidieron la documentación Al ver que había un cura entre ellos, les dejaron pasar sin problemas, el guardia se excusó diciendo.
— Perdonen las molestias, es la costumbre, buen viaje.
— Gracias agente, sólo hace que cumplir con su obligación.
Siguieron adelante, hablaban y cambiaban impresiones. Con el pasar del tiempo se dieron cuenta que no era solo por dar una extrema unción el motivo que hizo al padre Nino salir tan aprisa de Roma, y le preguntaron el "motivo real", Nino les respondió:
— He cometido un delito.
— No puede ser, qué delito puede cometer un cura?
— Robar, engañar y mentir.
— Ya será meos, que exajerado es usted.
— Es verdad que voy a buscar a un familiar que se está muriendo, me urge llegar antes que fallezca, me gustaria despedirme de el, no tengo dinero, robé lo que encontre en la iglesia para poder alojarme y comer . El auxilio para el resto de las necesidades, lo pongo en las manos de Dios, El nunca abandona a ninguno de sus hijos aunque sea cura, sé que no me dejará solo abandonado a mi suerte.
— Lo ve? No es para tanto.
A las pocas horas pararon a descansar y comer algo, tenian que reponer fuerzas para llegar a su destino.
— Dónde va a alojarse padre?
— En un hostal barato, Y ustedes tienen casa?
— Sí, la de unos parientes.
El padre Nino se durmió enseguida acunado por los vaivenes de la carretera, estaba tranquilo, había huído en España alguien le ayudarìa a cambiar de nombre, además con el cambio de identidad nadie le reconocería.
El Vaticano.
En ese mismo momento, pero en Roma, habían descubierto el robo.
— Avisa a la policía y al padre Nino, han robado la reliquia.
— El padre Nino no está en su cuarto.
— Pues buscarle, estará por algun sitio.
— No está, ha huído por la ventana.
— Maldito ladrón, ha sido él, rápido no podrá salir del pais, hemos de darnos prisa, si escapa será muy difícil encontrarle.
Pero el padre Nino había huído, estaba cerca de conseguir su sueño, llegar a Madrid ayudado por un matrimonio que también tenía algo que esconder, Después del viaje agotador, llegaron a una pensión, cenaron algo ligero y se acostaron.
Al día siguiente llegarían a Madrid y se despedirían para quizás, no verse mas.
— Ha conseguido salir de Italia.
— Se lleva la reliquia con él.
— Hablaré con la policiía, no veo posible encontrarle.
El hombre misterioso pensaba cómo podía encontrarle también Le había engañado y traicionado . A la mañana siguiente mientras el padre Nino llegaba a Madrid, el hombre misterioso fue a preguntar queria saber donde esta el padre que le había traicionado, pero no sabía cómo se llamaba Andando se tropezó con otro de los curas que iban de camino al rezo diario.
— Perdone padre, estaba buscando a un compañero suyo, pero no me acuerdo de su nombre, esta mala memoria mía.
— Si me lo describe, podré ayudarle con mucho gusto.
— Es moreno, delgado y más o menos tendrá 40 ó 45 años.
— No sé piede ser el padre Nino, o el padre Roberto, o el padre Luca quien sabe, con esos datos es imposible.
— Verá yo había pensado dejar un generoso donativo si me ayuda.
— De cuánto estamos hablando?
- De mucho, ayúdeme y le ayudaré.
— Por supuesto señor, iniciaré una investigación, haber si puedo decirle algo mañana a esta hora le viene bien?
— Perfecto padre, mañana aqui a la misma hora.
— Con Dios, padre.
— Bendición, hijo que Dios te guarde.
Al irse el hombre se dió la vuelta y dijo:
— Ah, por cierto ya que estoy aqui me gustaria ver la reliquia y si es posible, tocarla.
— Lo lamento ha sido robada esta noche La policía está avisada.
— Lo siento y lo dicho , hasta mañana.
— Adiós.
Al día siguiente volvió a la iglesia, quería saber si había averiguado algo acerca del cura que le engañó.
— Y bien, ha encontrado alguna pista?
— Ha huído.
— Lo siento.
— Y el donativo?
— Lo siento ni me ha traido al cura que me ha engañado, ni puedo ver la reliquia Por qué espera recompensa?
— Tengo algo que le puede interesar.
— Digamelo.
— El padre Nino, que así se llama el cura que busca, tiene familia en España.
— En qué lugar de España?
— En Madrid, o algun pueblo de Madrid.
— Está bien, tenga un donativo en pago a su información, pero le advierto si no es fiable, o me ha engañado, vendré para que me lo devuelva.
Llegando a Madrid.
El camino era lento y cansado no se rinden casi llegan a su destino, cerca hay un pequeño pueblo llamado Orusco Los pasajeros abandonan el coche, se identifican al dueño de la pensión, les mira apunta los nombres en el libro de registro, les da las habitaciones una para la pareja y la otra al padre Nino, cada uno va a la suya, casi eran familia parecía que se conocian de siempre.
El padre Nino les dijo que huía por robar una santa reliquia, sabía que podía confiar en ellos,
Lo que no sabía el padre Nino, era que ese hombre misterioso estaba detrás de sus pasos, sin saber cómo, se enteró que había huído a España, que tenía la reliquia y necesitaba encontrarle.
Los dos viajeros le confesaron al padre Nino que no eran matrimonio, que huían, tenían familia en España y deseaban iniciar una nueva vida Ambos se confesaron, sabía que era el final del viaje no se verian más. Se bajó del coche, abrazó a sus amigos, se alejó sin mirar atrás.
Llegó a una pensión sin problemas, mientras le registraba, la dueña quería saber cosas de su vida, le llamó la atención que un cura se alojara en una pensión.
— Y cómo usted en Madrid, padre?
— Vengo a ver a unos familiares, está uno de ellos muy enfermo.
— De dónde viene?
— De Italia, pertenezco a una parroquia de pueblo.
— Aquí todos vivimos en paz.Tenga la llave, habitación 212.
— Gracias.
— Padre, quiere cenar algo? Tengo sopa de pescado que sobró.
— Si no es molestia, gracias.
— No, que va a ser molestia, suba a la habitación, cuando esté lista se la llevo.
— Gracias.
— De nada, padre.
Subió a la habitación y se duchó, pensó en tirar la ropa, pero era más prudente seguir vestido con ropa de sacerdote La puerta sonó, era Aurora, la dueña de la pensión que traía la cena.
— Permiso padre, le traigo la cena.
— Gracias, dejelá en la mesa.
— Hasta mañana, que descanse padre, subiré por la bandeja cuando le haga la habitación.
— Muy amable, por cierto no le he pagado.
— No se preocupe, cuando se vaya arreglamos cuentas.
El Vaticano.
El cardenal Mirelli estaba enfadado, sabía donde estaba la astilla, en poder de ese cura malnacido.
— La astilla está en España, hay que recuperarla.
— Cómo lo haremos?
— Ireis a España sois enviados de El Vaticano, escribiré hoy al nuncio de Su Santidad en Madrid para avisarle de vuestra llegada, procurar pasar desapercibidos, si es posible y recuperar la astilla.
— Cómo lo haremos?
— No lo sé , sois unos inútiles.
A la mañana siguiente, partieron a España. Eran enviados de El Vaticano, se alojaron en un modesto hotel, debían pasar desapercibidos no llamar la atención. Llegaron, se ducharon y decidieron guardar su ropa de sacerdotes, para usar una ropa informal y cómoda. Sus nombres pasaron a ser Pedro, Lucas y Marcos, como los Apóstoles que siguieron a Jesús. Iban a empezar a buscar su objetivo, para ellos fueron a las parroquias de Madrid por si el padre Nino hubiera estado alojado en alguna de ella, con una inmensa descripción les sería fácil dar con él. Nadie debía saber sus verdaderos nombres.
Al salir de una de las parroquias que visitaron, sin querer Pedro tropezó con una mujer.
— Lo siento, estoy tan torpe, me llamo Pedro.
— Yo, Nuria.
— Puedo invitarle a tomar un café?
— No sé si es correcto, si es uno rápido ...
Pedro enseguida se quedó admirado de la belleza de aquella mujer, y sin querer le preguntó:
— Casada o soltera?
— Soltera, estoy haciendo una tesis. Y tú?
— Estoy buscando una cosa.
— Bueno me voy, se me hace tarde.
Pedro y Nuria se fueron del bar, a Pedro le daba miedo decir o hacer algo que delatara su razón de estar en Madrid, se despidieron no sin darse los teléfono. Cuando se dió cuenta era tarde, Nuria desapareción entre la gente, la calle, y las prisas que había en Madrid.
Al llegar a la pensión, la patrona le informó que tenía una llamada de un cardenal, Pedro pensó en cómo salir de la pregunta indiscreta de la dueña de la pensión.
— Que quiere un cura de usted?
— Mis superiores, son asi.
— Pero no lleva sotana por la calle?
— No, es más cómoda la ropa seglar.
Cuando se desprendió de la patrona, llamño al cardenal, éste estaba impaciente al no saber nada, la respuesta de Pedro le tranquilizó.
— He conocido a una chica, se llama Nuria,
— Y qué me dices con eso?espero que no descubra nadie tu verdadero propósito de estar alli.
— Le he dicho que estoy buscando algo, ella está haciendo una tesis.
— Y qué pinta esa chica? Eres un bocazas, por qué le has dicho que buscas algo?
Colgó enfadado sin decirle adios, era imperdonable ese error pero Pedro es un chico corriente como iba a cometer ningún error, lo tenía todo tan medido que parecía mentira Pedro era atractivo, culto, guapo y sacerdote, pero Nuria no sabría eso.
Al día siguiente Pedro llamó a Nuria, sentía la necesidad de verla, hablarle, contarle, desahogarse. Quedaron citados en un parque cercano.
En la actualidad.
El padre Luis, o Nino estaba en una silla de ruedas.
Los años habían pasado deprisa había pasado el tiempo, pero las heridas no cicatrizaban tan rapido Se convirtió en un virtuoso de la informática, y la dominaba de forma extraordinaria. Se metió sin problemas en el ordenador de sus nuevos amigos .
Pensó que no todo lo que había hecho en su vida era malo Es verdad que robó la reliquia, pero no la tenía en su poder, igual que la robó Dios quiso que desapareciera de sus manos. El no quiso esa vida fue su madre, siempre estuvo ligado a la voluntad de ella Para huir de esa vida, no tenía más remedio que robar la reliquia y cambiarla por dinero.
1965, Madrid
El padre Nino necesitaba una nueva identidad. Cuando llegó la patrona a recoger la bandeja, le ofreció servirle un desayuno en el comedor, de paso le preguntó cuántos días se iba a quedar.
— 2 ó 3 contestó el padre Nino.
Salió a la calle al acabar el desayuno Su primera idea fue ir a una comisaría y denunciar el robo de su documentación, pero enseguida desistió, pensando que estarían ya buscándole Lo más sensato, aunque arriesgado e ilegal era conocer a alguien que pudiera falsificar una documentación, pero un cura pidiendo que le den una identidad nueva levantaría sospechas, no era muy normal Aún así pensó cómo conseguirlo.
Encontró una casa abandonada, había un grupo reunido, sigiloso se les acercó Y cuando llegó les preguntó donde podría conseguir una nueva identidad. Les explicó que huyó de Roma, sin decirles nada de la astilla.
-Conocemos a Tato, él puede hacerte papeles nuevos, una identidad desconocida para el resto, pero eso tiene un coste.
— No tengo dinero, he huído con poca ropa y menos dinero.
— Eres cura de verdad? Preguntó Miguel.
— Sí.
— Podrías hablar con el cura de la parroquia, aquí la iglesia tiene mucho poder Si tu le pides que libere algunos de los presos que están encarcelados, presos politicos, seguro que si lo sabes pedir, te hará caso A cambio tendrás tus papeles.
— Supongo que no tengo alternativa.
— Me temo que no, o pagas con dinero, o con favores.
— Mañana iré a verle, Cómo se llama?
— Pregunta por el padre Joaquín.
— De acuerdo, que sea lo que Dios quiera.
— Tendrás noticias nuestras.
— Id preparandome los papeles, por favor.
— Todo a su tiempo, Dios le guarde padre.
Esa misma tarde fue a la parroquia quería ver al padre Joaquín No sabía cómo le iba a exponer semejante petición, pero no tenía alternativa.Si la policía le paraba por la calle, le pedía la documentación estaba perdido.
Decidido, llamó a la puerta.
— Hola padre Joaquin, supongo Soy el padre Luis y me gustaría habñar con usted, de un tema muy delicado.
— Vayamos a la sacristía.
— Usted dirá.
— Verá padre, el caso es que no sé cómo empezar.
— Quiere un café?Es lo mas que le puedo ofrecer.
— Sí, gracias, me ayudará.
— El caso es que conozco a unos hombres que están encarcelados injustamente, querría saber si usted podría interceder por ellos.
— Eso no es cosa mía, creamé que siento que estén privados de libertad.
— Quizás si habla con sus superiores, podría conseguir algo.
— Por favor, le ruego reconsidere su respuestaInsistió el padre Luis
— Bien, lo pensaré, vuelva mañana.
Al día siguiente volvió a la iglesia, apenas durmió expectante por ver al padre Joaquín. Madrugó y sin apenas desayunar fue a la parroquia, donde estaba empezando la primera misa del día.
Al acabar, el padre Joaquin le dio la buena noticia a Nino:
— Padre Luis con mis informes solo podrán liberar a 3 presos, los demás me ha sido imposible.
— Gracias y que Dios le bendiga.
Se arrodilló, rezó y se fue a esperar noticias de Miguel, el contacto No tardaron en llegar a modo de anónimo a la pensión. El papel ponía que fuera esa misma tarde a las 5 al descampado
Las horas no pasaban, y a las 4 fue a pasear, estaba nervioso y no queria levantar sospechas en la pensión.
dieron las 5, puntuales llegaron Miguel con dos más y Nino .
— Hola padre, espero que me de buenas noticias.
— Sí, sólo liberan a 3.
— Venga mañana por aquí, tendrá sus papeles, antes tiene que hacerse unas fotos Vaya a esta dirección, es segura, no se preocupe me parece que a ninguno nos interesa que nos descubran por diferentes motivos. Le estará esperando Tato. Hágase las fotos, y cuando veamos a nuestros amigos, le dejaremos un sobre con la documentación.
— Gracias.
— Adiós y recuerde que no nos conocemos de nada.
— De acuerdo.
Dos días más tarde se cumplía el traro, el padre Nino acompañó a los presos para reunirse con Miguel y los suyos. A cambio, le dieron la documentación que tanto ansiaba, la sacó del sobre y la guardó en el bolsillo de la chaqueta, se deshizo del sobre, no convenía dejar nada que hiciera sospechar. Dejó atrás su pasado, ahora venía su futuro.
Sin perder tiempo, subió a la pensión, se despidió alegando que ya había terminado su misión y se iba. Hizo la maleta, pagó la cuenta y se fue.

Lejos de la calle donde estaba la pensión, había un bar- entró y se cambió, guardó las ropas de sacerdote en la maleta, tomó un café para disimular, y cuando salió tiró la maleta en una contenedor. Era mejor no llevar bultos.
A los pocos días pasó por la parroquia a despedirse de el padre Joaquín.Este le dijo que le había llamado a la pensión, pero que ya no estaba alojado y la dueña no supo decirle más .
El padre Nino pensó si era una encerrona o una trampa, que el cura había sospechado de él, por mostrar tanto interés en que liberase a esos presos, pero lejos de eso, le esperaba una sorpresa.
— Me voy de esta parroquia, ya estoy mayor, cansado quiero irme a un pueblo. El Nuncio le ha dicho que le de a usted mi plaza, es joven y desenvuelto.
— Qué le ha contestado?
— Aún me queda saber su opinión.
— Sí me interesa, ayudar a gente necesitada podría hacer una gran labor.
— Pues entonces, no habrá problemas.
— Adios padre Joaquín y gracias .

Selección de textos de María Isabel Martínez Gilaranz:
capítulo anterior

DONDE SE ENTIERRA EL OLVIDO : capítulo 5



Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras