|
Si era un cura de barrio, quizás lo mejor que podría
pasarle.Vivía y dormía en la sacristía,
comía poco y gastaba lo menos posible. También
daba clases de religión y enseñaba a leer y
escribir.
Salió al bar de la esquina, quería tomar un
café y el de la sacristía era verdaderamente
malo Esperando que le sirvieran, se entretuvo leyendo el periódico,
cuando le sorprendió la noticia que había sido
robada una reliquia expuesta el Viernes Santo en El Vaticano
Además venía una foto suya Arrancó la
hoja y se la guardó deprisa El camarero le dijo:
— Quien es usted?
— Soy el nuevo párroco, sustituyo al padre Joaquín.
— Suerte y cualquier cosa, ya sabe donde estoy.
Al llegar a la parroquia, le estaba esperando una sorpresa,
un hombre vestido de negro, con sombrero y guantes se acercó
y le dijo:
— Necesito confesión, padre.
— Vamos a sentarnos en un banco.
— Prefiero el confesionario, es más indicado.
— De acuerdo, vamos.
— Ave María Purísima.
— Es usted el padre Nino.
— Perdón, creo que se confunde.
— Yo creo que no Pero quiero, como le he dicho, confesarme.
— Tiene que decir Sin pecado concebida.
— Déjese de pamplinas, mi confesión es
que le voy a matar. Usted me ha costado dinero y esfuerzo
y lo va a pagar con la vida.
Sin mediar le pegó un tiro y le dejó desangrandose
El hombre huyó dejando al padre Luis casi muerto.
Dios no le abandonó y quiso que una chica joven fuera
a poner una vela a Cristo y que el padre Joaquín volviera
a recoger unas cosas que dejó olvidadas. Ambos le ayudaron,
fue el padre Joaquín quien llamó a una ambulancia
e inmediatamente fue llevado a un hospital, donde le atendieron,
pero si bien salvaba la vida, quedaría postrado en
una silla de ruedas.
Pocos días más tarde, recibió la visita
de Pedro.
Nino le dijo que le dejara en paz, Dios le castigó
con estar en una silla de ruedas de por vida, y la reliquia
no la llevaba encima.
Pedro amenazó con registrar la parroquia donde estaba
y aún así se negó. Pero despues algo
le hizo cambiar de opinión, pensó en el revuelo
que se montaría y le dij donde estaba escondida.
— En el cáliz de la sacristía.
rriendo fue a la sacristía, la puerta estaba siempre
abierta, entró y no le fue difícil hacerse con
el tesoroLo guardó, se santiguó y abandonó
la iglesia.
.Al llegar llamó a El Vaticano, el cardenal estaría
contento de su trabajo y sin duda le premiaría, No
estaba, dejó recado que le llamara a la pensión
Cuando lo hizo, en vez de felicitarle, pues sabía ya
de la posesión de dicha reliquia, se limitó
a reprocharle que había perdido el tiempo, era un inútil
y jamás prosperaría Colgó desolado, llamó
a Nuria, deseaba más que nunca verla, tenerla cerca.
Quedaron en un parque cerca de la pensión, cogieron
un coche que les sacó fuera de Madrid, Pedro le contó
a Nuria la rabia que tenía, que su jefe le había
encomendado una misión de buscar una persona en Madrid,
le encontró y en vez de felicitarle, le ofendió.
Decidieron ir a pasar la jornada a un pueblo cercano a Madrid,
que se llama Orusco de Tajuña.
Se confundirían con la gente, respirarían aire
puro y fresco.
Tardaron tiempo, al llegar a la hora de comer, decidieron
comprar unos bocadillos y agua e irse a la alameda, hacía
fresco y era agradable estar sentados en el cesped verde,
regado y olor a campo, hierba, pan horneado.
Nuria, se quedó dormida después de comer, entre
los brazos de Pedro Este la dejó tendida en la hierba
y mientras, excavó una tumba donde enterrar la astilla,
donde enterrar el olvido
nadie lo encontraría, era un hoyo profundo, como su
dolor La rabia, el desconsuelo, de verse menguado por ese
despiadado cardenal.
Cuando se despertó Nuria, estaba entre los brazos de
Pedro, que la besó en la cabeza dulcemente Después,
de regreso a Madrid, ya más tranquilo, vino todo el
camino callado, pensó en empezar una nueva vida junto
Nuria y sin más así se lo dijo:
— Te quieres casar conmigo? Preguntó a Nuria.
— Sí.
— Pues la semana que viene empezaremos los trámites.
— Me haces muy feliz.
— Te quiero.
— Y yo Tú me has hecho ver cual es mi verdadero
camino.
Días más tarde al padre Luis le dieron de alta
en el hospital y regresó a su parroquia Estaba más
tranquilo porque se había deshecho de la reliquia,
ahora podría de verdad rehacer su vida pero ¿qué
vida? Estar postrado en una silla de ruedas, no es el mejor
modo de iniciar una nueva vida.
Llamó a el padre Joaquín, le dijo que deseaba
verle, fue al día siguiente a la sacristía y
hablaron.
— Me voy de Madrid, dijo el padre Luis.
— Por qué? preguntó el padre Joaquín.
— Quiero huir.
— De nuevo huir.
— No le entiendo padre Joaquin por qué me dice
de nuevo.
— Sé que usted no se llama Luis, sino que es
un nombre falso, vino huyendo Dios sabe de qué o de
quién. Yo no soy quien para juzgar solo el Altísimo
tiene esa potestad. Ahora quiere volver a irse, bien hágalo
Dígame si le puedo ayudar.
— Me gustaría ir al pueblo donde está
usted, enterrar mi olvido, yo tengo cosas que olvidar.
— El pueblo se llama Orusco de Tajuña No muy
lejos de la capital.
— Donde podría vivir?Con usted?
— No, mi casa es pequeña, apenas quepo o.Déjeme
unos días, miraré qué puedo encontrarle
y le llamaré.
— Gracias, Dios no me abandona.
— Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos, es el
Padre y vela por todos .
— Hasta pronto.
— Adiós, y cuidese padre .
Al irse el padre Joaquín entró Nuria, venía
a darle las gracias al Cristo, que como dijo el padre Joaquin
no deja a ninguno de sus hijos solos, le había pedido
quedarse con Pedro y le había pedido en matrimonio
Se acercó a rezarle y al acabar vió una sombra,
era el padre Luis, Nuria le saludó afectuosa.
— Bendición padre.
— Que Dios te bendiga, hija.
— Qué tal está?No se acuerda de mi?
— Me vas a perdonar, pero no sé quien eres.
— Soy Nuria, la chica que le auxilión el día
que le dispararon . Cómo se encuentra, padre?
— Bien, dentro de lo que cabe Y tú a qué
has venido?
— A darle gracias a Cristo, le pedí que un chico
que me gusta, no se separe de mi.
— Y te ha escuchado?
— Sí, tanto que me pidió casarme con él?
— Me alegro, enhorabuena.
— Quiere ver su foto?Tengo una en el bolso.
El padre Luis le reconoció, era Pedro. No supo qué
hacer si decir la verdad o enterrar ese olvido empezando por
la gente que conocía.
— Padre, le ocurre algo?
— Nada, crei que le conocía de antes.
— Se llama Pedro.
— Que seais muy felices.
— Adiós padre.
— Adiós
|