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        María Isabel M. Gilaranz

CUENTOS Y RELATOS

 

DONDE SE ENTIERRA EL OLVIDO
CAPITULO 6


1965, Madrid.

El padre Nino estaba tomando posesión de su nueva parroquia.
Ya no se llamaba Nino, el nombre le había cambiado al de Luis, seguía siendo cura, pero lejos de su país y acomodando el acento al castellano, nadie sabría con el tiempo deducir que era italiano.
— Adiós padre Joaquín, estaré bien Dios me ayudará y atendiendo problemas se me pasarán los días deprisa.
— Adiós padre.
Si era un cura de barrio, quizás lo mejor que podría pasarle.Vivía y dormía en la sacristía, comía poco y gastaba lo menos posible. También daba clases de religión y enseñaba a leer y escribir.
Salió al bar de la esquina, quería tomar un café y el de la sacristía era verdaderamente malo Esperando que le sirvieran, se entretuvo leyendo el periódico, cuando le sorprendió la noticia que había sido robada una reliquia expuesta el Viernes Santo en El Vaticano Además venía una foto suya Arrancó la hoja y se la guardó deprisa El camarero le dijo:
— Quien es usted?
— Soy el nuevo párroco, sustituyo al padre Joaquín.
— Suerte y cualquier cosa, ya sabe donde estoy.
Al llegar a la parroquia, le estaba esperando una sorpresa, un hombre vestido de negro, con sombrero y guantes se acercó y le dijo:
— Necesito confesión, padre.
— Vamos a sentarnos en un banco.
— Prefiero el confesionario, es más indicado.
— De acuerdo, vamos.
— Ave María Purísima.
— Es usted el padre Nino.
— Perdón, creo que se confunde.
— Yo creo que no Pero quiero, como le he dicho, confesarme.
— Tiene que decir Sin pecado concebida.
— Déjese de pamplinas, mi confesión es que le voy a matar. Usted me ha costado dinero y esfuerzo y lo va a pagar con la vida.
Sin mediar le pegó un tiro y le dejó desangrandose El hombre huyó dejando al padre Luis casi muerto.
Dios no le abandonó y quiso que una chica joven fuera a poner una vela a Cristo y que el padre Joaquín volviera a recoger unas cosas que dejó olvidadas. Ambos le ayudaron, fue el padre Joaquín quien llamó a una ambulancia e inmediatamente fue llevado a un hospital, donde le atendieron, pero si bien salvaba la vida, quedaría postrado en una silla de ruedas.
Pocos días más tarde, recibió la visita de Pedro.
Nino le dijo que le dejara en paz, Dios le castigó con estar en una silla de ruedas de por vida, y la reliquia no la llevaba encima.
Pedro amenazó con registrar la parroquia donde estaba y aún así se negó. Pero despues algo le hizo cambiar de opinión, pensó en el revuelo que se montaría y le dij donde estaba escondida.
— En el cáliz de la sacristía.
rriendo fue a la sacristía, la puerta estaba siempre abierta, entró y no le fue difícil hacerse con el tesoroLo guardó, se santiguó y abandonó la iglesia.
.Al llegar llamó a El Vaticano, el cardenal estaría contento de su trabajo y sin duda le premiaría, No estaba, dejó recado que le llamara a la pensión Cuando lo hizo, en vez de felicitarle, pues sabía ya de la posesión de dicha reliquia, se limitó a reprocharle que había perdido el tiempo, era un inútil y jamás prosperaría Colgó desolado, llamó a Nuria, deseaba más que nunca verla, tenerla cerca.
Quedaron en un parque cerca de la pensión, cogieron un coche que les sacó fuera de Madrid, Pedro le contó a Nuria la rabia que tenía, que su jefe le había encomendado una misión de buscar una persona en Madrid, le encontró y en vez de felicitarle, le ofendió.
Decidieron ir a pasar la jornada a un pueblo cercano a Madrid, que se llama Orusco de Tajuña.
Se confundirían con la gente, respirarían aire puro y fresco.
Tardaron tiempo, al llegar a la hora de comer, decidieron comprar unos bocadillos y agua e irse a la alameda, hacía fresco y era agradable estar sentados en el cesped verde, regado y olor a campo, hierba, pan horneado.
Nuria, se quedó dormida después de comer, entre los brazos de Pedro Este la dejó tendida en la hierba y mientras, excavó una tumba donde enterrar la astilla, donde enterrar el olvido
nadie lo encontraría, era un hoyo profundo, como su dolor La rabia, el desconsuelo, de verse menguado por ese despiadado cardenal.
Cuando se despertó Nuria, estaba entre los brazos de Pedro, que la besó en la cabeza dulcemente Después, de regreso a Madrid, ya más tranquilo, vino todo el camino callado, pensó en empezar una nueva vida junto Nuria y sin más así se lo dijo:
— Te quieres casar conmigo? Preguntó a Nuria.
— Sí.
— Pues la semana que viene empezaremos los trámites.
— Me haces muy feliz.
— Te quiero.
— Y yo Tú me has hecho ver cual es mi verdadero camino.
Días más tarde al padre Luis le dieron de alta en el hospital y regresó a su parroquia Estaba más tranquilo porque se había deshecho de la reliquia, ahora podría de verdad rehacer su vida pero ¿qué vida? Estar postrado en una silla de ruedas, no es el mejor modo de iniciar una nueva vida.
Llamó a el padre Joaquín, le dijo que deseaba verle, fue al día siguiente a la sacristía y hablaron.
— Me voy de Madrid, dijo el padre Luis.
— Por qué? preguntó el padre Joaquín.
— Quiero huir.
— De nuevo huir.
— No le entiendo padre Joaquin por qué me dice de nuevo.
— Sé que usted no se llama Luis, sino que es un nombre falso, vino huyendo Dios sabe de qué o de quién. Yo no soy quien para juzgar solo el Altísimo tiene esa potestad. Ahora quiere volver a irse, bien hágalo Dígame si le puedo ayudar.
— Me gustaría ir al pueblo donde está usted, enterrar mi olvido, yo tengo cosas que olvidar.
— El pueblo se llama Orusco de Tajuña No muy lejos de la capital.
— Donde podría vivir?Con usted?
— No, mi casa es pequeña, apenas quepo o.Déjeme unos días, miraré qué puedo encontrarle y le llamaré.
— Gracias, Dios no me abandona.
— Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos, es el Padre y vela por todos .
— Hasta pronto.
— Adiós, y cuidese padre .
Al irse el padre Joaquín entró Nuria, venía a darle las gracias al Cristo, que como dijo el padre Joaquin no deja a ninguno de sus hijos solos, le había pedido quedarse con Pedro y le había pedido en matrimonio Se acercó a rezarle y al acabar vió una sombra, era el padre Luis, Nuria le saludó afectuosa.
— Bendición padre.
— Que Dios te bendiga, hija.
— Qué tal está?No se acuerda de mi?
— Me vas a perdonar, pero no sé quien eres.
— Soy Nuria, la chica que le auxilión el día que le dispararon . Cómo se encuentra, padre?
— Bien, dentro de lo que cabe Y tú a qué has venido?
— A darle gracias a Cristo, le pedí que un chico que me gusta, no se separe de mi.
— Y te ha escuchado?
— Sí, tanto que me pidió casarme con él?
— Me alegro, enhorabuena.
— Quiere ver su foto?Tengo una en el bolso.
El padre Luis le reconoció, era Pedro. No supo qué hacer si decir la verdad o enterrar ese olvido empezando por la gente que conocía.
— Padre, le ocurre algo?
— Nada, crei que le conocía de antes.
— Se llama Pedro.
— Que seais muy felices.
— Adiós padre.
— Adiós

Meses más tarde se recibió una carta en la parroquia a nombre de el padre Luis, pero ya no estaba allí.
El nuevo párroco la guardó a la espera que la recogiera alguien, viendo que nadie se hacía cargo, la abrió con la idea que podía ser algo importante.
En el remite ponía solo Nuria y le escribió para decirle que se casó con su Pedro y tuvo una hija, que se llamaba Rosa.

Selección de textos de María Isabel Martínez Gilaranz:
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Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras