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        María Isabel M. Gilaranz

CUENTOS Y RELATOS

 

DONDE SE ENTIERRA EL OLVIDO
CAPITULO 7

EN LA ACTUALIDAD

El padre Luis se acordó de cuando huyó de Madrid al pueblo donde estaba.
No salía de casa, y nadie supo que fue cura, ni nada de su pasado.
El padre Joaquín le había conseguido una casa pequeña y modesta cerca del cerro, desde la ventana veía todo el pueblo.
Nadie le conocía, llegó de noche y se instaló en la casa. La llave la dejó su dueño en un jarrón, a la entrada y el padre Joaquín era el único que lo sabía. Todas las semanas subía comida, y ropa limpia y un ordenador era toda la compañía que necesitaba.
Mario y Rosa estaban viendo juntos diversas páginas de internet Siguiendo el hilo de la información que se publicó y la foto del padre Nino creyeron que era él quien mandaba los anónimos.
— Mario, no quiero que te metas en este asunto, es peligroso.
— Lo que debes hacer es quitarte de encima esa reliquia, lo más conveniente es que la dejes en una caja de seguridad de algun banco.
— De acuerdo, mañana vamos.
De repente apareció en el ordenador otro mensaje anónimo.

"CUIDADO NADA ES LO QUE PARECE
Y NADIE ES QUIEN DICE SER
ES MEJOR ENTERRAR EL OLVIDO".

Sonó el móvil, era Guilian Rosa quería verle para ponerle al día de los progresos conseguidos y de los mensajes anónimos.
Guilian quería aportar algo a la investigación y les informó que en 1965 llegó un nuevo párroco a la iglesia de su barrio, tenía acento raro, no era español. Se llamaba Luis.
— Rosa, tú te acuerdas del padre Luis?
— Sí, daba clases de religión, pero hace muchos tiempo.
— Qué será de él?
— Habrá muerto era muy mayor.
— Rosa, quizá tu madre le conoció, si vivió en Madrid un tiempo, por preguntar no quede, anda .
— Vale.El padre Luis seguía buscando noticias, cada vez mas excasas del tema Con el tiempo, en El vaticano dieron por perdida la reliquia y a el Padre Nino. El asunto se cerró y nadie volvió a hablar de ello.
Pedro pidió irse de cura, enterrar su olvido, alegó que por su culpa no se resolvió el asunto Jamás mencionó que encontró a Nino, ni que enterró en aquella alameda la reliquia.
No le puso pegas nadie en la curia, enseguida consiguió esa libertad para casarse con Nuria e irse a vivir a Orusco de Tajuña con pocos enseres y mucha ilusión .
Al llegar a casa, Rosa fue a la cocina.
, Su madre era ya avanzada en edad y le costaba recordar pero quiso atender a la petición de su hija cuando ésta le preguntó si conoció a un sacerdote de nombre Luis, en su infancia.
— Sí, conocía a uno, pero hay tantos que se llamen Luis.
— Háblame de él, anda .
— Fui a pedir al Cristo que el que hoy es tu padre, no me dejara, y ahí estaba desangrándose, le habían disparado.
— Por què?
— No lo sé Dias después volví a la iglesia, fui a dar las gracias al Cristo porque tu padre esa misma tarde me pidió casarme con él, Lo ví en una silla de ruedas, desanimado, abatido y me fui
Cuando me casé, le envié una carta y no me contestó, supongo que se cambió de parroquia o la carta se perdió.
— Bueno, es una historia muy triste pero real.

Pedro, Nuria y Rosa decidieron aquella mañana subir al cerro. Decían que desde allí se divisaba el pueblo y aprovecharon el buen clima para ir.
Al cerrar la puerta sonó el teléfono, contestó Nuria:
— Dígame.
— "Cuidado, nada ni nadie es lo que parece". Y colgó, aunque la voz le pareció familiar.
— Perdòn?
— Quién es? Preguntó Pedro.
— Un loco, me ha dicho "Cuidado, nada ni nadie es lo que parece" y ha colgado.
Asustada llamó a Mario y Guilian al móvil. Era el mismo mensaje amenazante. Quedaron en verse por la tarde, ahora tenía que ir con sus padres al cerro no queria preocuparles.
— Déjalo será un loco, o se ha confundido, o simplemente es una borma de mal gusto.
Subieron al cerro, al llegar de lejos una casa, parece desierta nadie habita desde fuera. Allí vivía el padre Luis .
Pasaron un buen día, por la tarde Rosa se juntó con sus amigos, les habló de la llamada, de la casa solitaria y quedaron en subir a verla los tres.
Pocos días después Guilian le dijo a Rosa:
— Vente conmigo.
— A donde?
— No sé fuera de este pueblo, aquí no tienes nada mas que a tus padres y a Mario.
— No puedo, quiero a mis padres, sólo me tienen a mi.
— Vendrás a visitarles siempre que lo desees.
— A donde iriamos?No me has contestado.
— A Madrid ¿qué te parece?
— No insistas Guilian, por favor.
— Está bien, vendrás luego al cerro.
— Sí, per no me preguntes más si quiero ir contigo, ya sabes la respuesta.
Por la tarde en el coche de Mario, subieron los tres a ver el pueblo desde arriba y la casa misteriosa.
Desde fuera no se veía nada, pero dentro estaba solo Luis, en la silla de ruedas mirando en internet a los amigos, mediante una cámara diminuta, conectada que le permitía ver, sin ser visto.
— Quien vivirá en esa casa?
— Nadie, parece abandonada.
— Y si llamamos a la puerta?
Sin dar tiempo a la respuesta, Rosa llamó a la puerta.
El padre Luis, contestó:
— Quién es?
— Perdone, me llamo Rosa, vivo en el pueblo .
— Y qué quieres?
— Conocerle y compartir nuestra merienda con usted.
— Un momento Y abrió la puerta.

Entraron los tres Luis se quedó mirando a Rosa, como si retornara el pasado.
— Vivis aquí?
— Sí
— Los tres juntos?Sois hermanos?
— No, somos amigos, cada cual vive en su casa y yo además con mis padres.
— No tienes hermanos?Preguntó el padre Luis.
— No.
— El caso es que tu cara me suena.
— Nunca le he visto antes.
Después de estar tiempo callado, el padre dijo:
— Cómo se llaman tus padres?
— Pedro y Nuria.
Si lo desea venga a comer.
— Gracias, un día.

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Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras