Mario y Rosa estaban viendo juntos diversas páginas
de internet Siguiendo el hilo de la información que
se publicó y la foto del padre Nino creyeron que era
él quien mandaba los anónimos.
— Mario, no quiero que te metas en este asunto, es peligroso.
— Lo que debes hacer es quitarte de encima esa reliquia,
lo más conveniente es que la dejes en una caja de seguridad
de algun banco.
— De acuerdo, mañana vamos.
De repente apareció en el ordenador otro mensaje anónimo.
"CUIDADO NADA ES LO QUE PARECE
Y NADIE ES QUIEN DICE SER
ES MEJOR ENTERRAR EL OLVIDO".
Sonó el móvil, era Guilian Rosa quería
verle para ponerle al día de los progresos conseguidos
y de los mensajes anónimos.
Guilian quería aportar algo a la investigación
y les informó que en 1965 llegó un nuevo párroco
a la iglesia de su barrio, tenía acento raro, no era
español. Se llamaba Luis.
— Rosa, tú te acuerdas del padre Luis?
— Sí, daba clases de religión, pero hace
muchos tiempo.
— Qué será de él?
— Habrá muerto era muy mayor.
— Rosa, quizá tu madre le conoció, si
vivió en Madrid un tiempo, por preguntar no quede,
anda .
— Vale.El padre Luis seguía buscando noticias,
cada vez mas excasas del tema Con el tiempo, en El vaticano
dieron por perdida la reliquia y a el Padre Nino. El asunto
se cerró y nadie volvió a hablar de ello.
Pedro pidió irse de cura, enterrar su olvido, alegó
que por su culpa no se resolvió el asunto Jamás
mencionó que encontró a Nino, ni que enterró
en aquella alameda la reliquia.
No le puso pegas nadie en la curia, enseguida consiguió
esa libertad para casarse con Nuria e irse a vivir a Orusco
de Tajuña con pocos enseres y mucha ilusión
.
Al llegar a casa, Rosa fue a la cocina.
, Su madre era ya avanzada en edad y le costaba recordar pero
quiso atender a la petición de su hija cuando ésta
le preguntó si conoció a un sacerdote de nombre
Luis, en su infancia.
— Sí, conocía a uno, pero hay tantos que
se llamen Luis.
— Háblame de él, anda .
— Fui a pedir al Cristo que el que hoy es tu padre,
no me dejara, y ahí estaba desangrándose, le
habían disparado.
— Por què?
— No lo sé Dias después volví a
la iglesia, fui a dar las gracias al Cristo porque tu padre
esa misma tarde me pidió casarme con él, Lo
ví en una silla de ruedas, desanimado, abatido y me
fui
Cuando me casé, le envié una carta y no me contestó,
supongo que se cambió de parroquia o la carta se perdió.
— Bueno, es una historia muy triste pero real.
Pedro, Nuria y Rosa decidieron aquella mañana subir
al cerro. Decían que desde allí se divisaba
el pueblo y aprovecharon el buen clima para ir.
Al cerrar la puerta sonó el teléfono, contestó
Nuria:
— Dígame.
— "Cuidado, nada ni nadie es lo que parece".
Y colgó, aunque la voz le pareció familiar.
— Perdòn?
— Quién es? Preguntó Pedro.
— Un loco, me ha dicho "Cuidado, nada ni nadie
es lo que parece" y ha colgado.
Asustada llamó a Mario y Guilian al móvil. Era
el mismo mensaje amenazante. Quedaron en verse por la tarde,
ahora tenía que ir con sus padres al cerro no queria
preocuparles.
— Déjalo será un loco, o se ha confundido,
o simplemente es una borma de mal gusto.
Subieron al cerro, al llegar de lejos una casa, parece desierta
nadie habita desde fuera. Allí vivía el padre
Luis .
Pasaron un buen día, por la tarde Rosa se juntó
con sus amigos, les habló de la llamada, de la casa
solitaria y quedaron en subir a verla los tres.
Pocos días después Guilian le dijo a Rosa:
— Vente conmigo.
— A donde?
— No sé fuera de este pueblo, aquí no
tienes nada mas que a tus padres y a Mario.
— No puedo, quiero a mis padres, sólo me tienen
a mi.
— Vendrás a visitarles siempre que lo desees.
— A donde iriamos?No me has contestado.
— A Madrid ¿qué te parece?
— No insistas Guilian, por favor.
— Está bien, vendrás luego al cerro.
— Sí, per no me preguntes más si quiero
ir contigo, ya sabes la respuesta.
Por la tarde en el coche de Mario, subieron los tres a ver
el pueblo desde arriba y la casa misteriosa.
Desde fuera no se veía nada, pero dentro estaba solo
Luis, en la silla de ruedas mirando en internet a los amigos,
mediante una cámara diminuta, conectada que le permitía
ver, sin ser visto.
— Quien vivirá en esa casa?
— Nadie, parece abandonada.
— Y si llamamos a la puerta?
Sin dar tiempo a la respuesta, Rosa llamó a la puerta.
El padre Luis, contestó:
— Quién es?
— Perdone, me llamo Rosa, vivo en el pueblo .
— Y qué quieres?
— Conocerle y compartir nuestra merienda con usted.
— Un momento Y abrió la puerta.