| Mira esa
cuesta
que
trepa por la herida
atando yerba a la laguna.
La
mañana frota su arcilla
contra los ríos
que
aprisionan puentes
y los arrastran a zarpazo feroz.
Son
los ríos que transcurren
persiguiendo cometas
en
la oscuridad.
Por estos caminos desatados
los animales andan gritando.
Desde cuándo
andarán gritando.
Copitos de barro
leve y cosechado
como nosotros.
Pero así somos madeja
destejiendo el miedo
sus ruidos el furor
la desolada espina.
Una sombra de ponchos esparcidos
tiñe con su abrazo mi cansancio.
Nuestros codos sujetan
los codos mutilados
los vientres derruidos
como polvo que busca su saliva
su placenta febril
donde escampa la asfixia.
Y al filo de la lumbre
menos mal
hermanos
que hierven pan en sus andamios.
Para este vaho yerto
de la rancia mugre
para la cruda quincha demolida
se fraguan tumultos estridentes
metálicas imágenes
que sueltan a volar las avenidas.
Hemos llegado hasta aquí
con una llamarada
entre los brazos.
Un jolgorio de sangre baila de madrugada
pero el cierzo de los tiempos
nos limpia la visión.
Todas nuestras lenguas recorriendo y
todos nuestros párpados rugiendo.
Vivos
en el llano y la montaña
cuando brotan
los vivientes.
|