A
veces un instante
del tiempo se equivoca
y todos los aromas y sonidos
o tal vez los sabores, las personas,
los sitios de otros años que se fueron,
renacen de repente
con una intensidad que casi nos asusta.
Y vemos a los muertos
que tanto nos amaron
y nos hablan de nuevo
y no es un sueño todo.
Granada a nuestros pies, otra Granada
más íntima y fulgente
bajo la suave noche de un otoño
que yo ya no recuerdo.
Los juegos con mis primos;
mis padres en el auto,
y el olor del pinar que comenzaba
en la misma cuneta…
A veces un instante
del tiempo se equivoca.
Es un instante sólo,
pero brilla y nos arde en lo más hondo
como si fuera eterno.