Esta noche
las nubes babean a una luna de ojos brillantes
que escrutan con hambre de subsistencia,
encienden mis entrañas
quebrando mis tripas,
cuerdas de arpa en mi esqueleto,
restallan terribles notas en mi cabeza,
el viento golpea la cancela donde aúlla
a un corazón alunado con nervio de avena loca,
se ha perdido mi nombre
en la bocanada del último humo
de la casa con cayado,
con tapias de arena de desierto y vieja paja,
al amanecer,
no abran la puerta, por favor,
temo que se mude el ambiente
y la oquedad se llene de frío
—aún más frío— en mi senda
lobera
por la que busco las huellas
del arroyo agotado de mi niñez,
aúuuuu, aúuu, aúu,
terrible se desvela la noche de mis tiempos.