Escríbeme a la diaria lucha
contra el fuego de rumores,
—me niego a que sea cruzado—
donde no es escudo la sonrisa franca
y no suenan los bravos tambores,
que vengan en auxilio con tretas:
apresen enemigos
o escarben una trinchera con sus uñas,
pues los mapas de mi emplazamiento
al Minotauro regalé…
Escríbeme a este mundo frío
donde no se salva el ave mensajera
ni el brote de olivo que en su pico
combate las mentiras traicioneras
de los que apenas si me han visto
o conocen mi alma verdadera.
Misiva que confunda a este gentío
que proclama la eterna honorabilidad,
pues cautiva, caí, de lo que de mí se ha dicho,
haga lo que haga soy rea y presa,
si mujer impía, quedo para baño de lágrimas
aunque quizás con tu presencia:
¿Rendirme?
No importara y no quisiera.