Dices que me llevarás a ninguna parte,
que desnuda me llevarás,
que abandonaré aquí mis huesos y mi carne,
que mi sangre no querrás,
ni mi nombre, ni el de mi linaje,
y no tomarás mi oro, ni mis riquezas.
No te detendrá mi intelecto, ni mis oraciones,
ni mis amores, caricias,
para ti, mis súplicas serán vanas.
Dices que me llevarás a mí sola,
a dónde nada existe,
abandonando aquí mi vida misma,
que mis recuerdos no querrás,
ni lo que soñé y realicé,
siéndote banal lo que aprendí.
No te detendrá lo que presté,
ni lo que estoy aún por recibir.
Para mí, tendrás un día sin amanecer
que cubrirás con tu eterna noche.