Después del verano se abrirán las áureas
puertas, que permanecieron cerradas, y resucitarán
las dormidas sendas que en el olvido fueron enterradas.
Después del verano se despertarán las miles
de voces silentes y congeladas, voces que derramarán
su canción libre, viviente y atesorada.
Después del verano fluirán los ríos
de luces risueñas y perfumadas, y renacerá
la aurífera y dócil lluvia de poesía
vibrante, viva y apasionada.
Después del verano se consumirán las gélidas
e insolentes barreras desgajadas, y brillará el dulce
cantar de millares de letras de fuego, de agua, de sol y
de fragancias nacaradas.
Después del verano, ¿cuál verano?,
¿el verano de la dormida distancia perlada?, quizás
el verano donde ya no pueda seguir existiendo la sinrazón
caduca y derribada.
Después del verano palpitarán los verdes
y azules senderos de aquellas oportunidades robadas, y retoñarán
los vívidos anhelos y los nuevos sueños de
plumas talentosas, frondosas y acrisoladas.
Después del verano se oirá el estruendo maravilloso
de una nueva y bella alborada, se sentirá el color
fresco y sedoso de una historia gloriosa, preciosa y dorada.
Después del verano, tendrás lo que nunca
tuviste de la tenue aurora borrada, disfrutarás lo
que nunca disfrutaste de la dormida canción desesperada;
vivirás lo que nunca viviste en la áurea cúspide
refulgente y soñada, solo espéralo después
del verano, aunque solo sean palabras desgastadas.