En campos de dolores; cual gélida corriente,
palpitan los terrores; de un tiempo pedregoso,
y fluyen las lágrimas; de espejo viviente.
Así transcurre el tiempo; de fría sal hiriente,
así sufre mi pueblo; el llanto silencioso,
de vidas hoy dormidas; cual lago lacrimoso,
heridas y candela; de mal intransigente.
La página de un canto; de intensa y dulce vida,
renace en la batalla; de miel y luz florida.
Las marcas desafiantes; cual cálida centella,
despliegan los senderos; de amor y de fe pura,
renacen los veneros; de un viento de tersura,
y brotan las fragancias; de albor y tierna estrella.
Revive la esperanza; cual música dormida,
así vibra mi patria; cual llama fresca y bella,
así deslumbra un canto; de esencia renacida.
El hielo somnoliento; de un fuego melodioso,
revienta las cadenas; de horror y dictadura,
y trae bendiciones; y un canto delicioso,
la luz del Dios viviente; que irriga su dulzura.
La sangre valerosa; de azul y bella fuente,
despierta la alborada; de brisa coralina,
así fluye un sendero; de pueblo renovado,
y así muere un tormento; de frío ya lejano.
Hermosa Venezuela; mi flor adamantina,
te entrego mil canciones; de fuego perfumado,
no pierdas la esperanza; de un tiempo más humano,
tu historia venidera; será paz refulgente.