He
visto los mejores vicios
de mi generación
y me los tragué
sin miedo al amor
sin miedo al sexo
sin sexo con miedo
con miedo a mí.
Cuando la mente de los pibes
no era una pecera
con bordes oxidados
y el dolor giraba en la plaza
con pancartas y pañuelos
blancos.
He leído poetas prohibidos
Imaginen a los dinosaurios
en la cama
rock en la disco
sandalias de corcho
y minifalda
sin tatuajes ni piercings
ni hippie ni limonada
barro tal vez
y el sida parado ahí
mirando.
La poesía era sólo
ese diente de león
en la grieta de la pared.
Porque la memoria del miedo
vino después.