NOCHE DE SOLEDAD Y SOMBRAS
|
| |
Era
una noche de enero de luna llena, con un cielo sembrado
de estrellas, la luz de la luna bañaba el paisaje
sereno de colinas onduladas, perdidas en el horizonte de
parada constancia, un pequeño poblado en el interior
de Paysandú a tan solo unos trece kilómetros
de la ciudad capital del departamento, a la altura del kilómetro
trescientos ochenta y tres de la ruta tres, comienza el
camino vecinal que cruza una vasta zona de chacras y estancias
y campos de siembra, este camino es conocido como camino
de las avenidas, que toma su nombre de uno de los establecimiento
ganadero de la zona.
A mil cuatrocientos metros de la ruta tres por el camino
de las avenidas nace el arroyo el chingolo, que serpentea
entre campos y cuchillas, acompaña al arroyo desde
su nacimiento una alameda que se extiende por unos trecientos
metros de largo por unos treinta metros de ancho, de hermosos
álamos carolinos, aquella cortina de árboles
alcanza una altura superior a los veinte metros cargado
de plateadas hojas .Mientras dura el caliente verano el
ganado vacuno, bobino y caballar hayan refugio del calor
estival y las lluvias, por esa razón el campo de
la alameda se haya limpio de mata silvestres y enredaderas
dejando un tapiz limpio de hojas y ramas secas.
|
En la escuadra que forma el monte y el arroyo, se encuentran
tres pajonales que a la luz lunar toman un color amarronado,
destacándose en el paisaje de esa noche estival.
Apocas metros se encontraba la portera de la estancia,
todo el lugar vibraba, la belleza del lugar podía
ser disfrutada a pleno, por los sentidos, el paisaje tenia
vida mágica propia, se escuchaba el trino de las
aves nocturnas, el aleteo de las aves, el sonido de loa
animales del campo, el sonido de la brisa nocturna al
rosar las hojas de los árboles.
Alguien viene por el camino vecinal, el galope de un caballo
rompe el silencio de la mágica noche, el hombre
venia silbando bajito, disfrutando del paisaje que tanto
conocía, ya llevaba muchos inviernos trabajando
en la zona como peón de campo, amaba aquel lugar,
Poe eso se radico definitivamente en el lugar, echaría
raíces, ya había vagabundeado mucho por
el país.
Aquellas noches de verano despertaban en el sentimientos
de paz, esa paz que hacía mucho tiempo había
perdido y fue en aquel lugar que su corazón encontró
un lugar para el olvido, sin olvidar, SSS quien no tenía
algo para olvidar SSS, llego a la portera de la alameda,
desmonto su caballo y con las riendas en sus mano se acercó
a la portera, la abrió lentamente, pasa el animal
y el, cierra la portera, ya queda poco, en unos minutos
llegara a la estancia, el camino de la alameda termina
en el portón del casco de la estancia donde él
trabaja desde hace un año.
Va a montar cuando se siente observado, un escalofrió
recorre su columna vertebral, todos sus sentidos se pusieron
alerta, todo queda en un silencio absoluto, toda la naturaleza
se trasmuta, la suave brisa se convierte en un viento
frio, suave pero muy frio o es como él lo siente,
SSS será el alcohol que bebió en el boliche
SSS no era supersticioso, pero, pero aquella parecía
una noche de brujas, sintió en su piel el silencio
absoluto y se erizo.
Monto el caballo y cuando queda herido en su montura,
mira hacia el pajonal todo se detuvo, sus ojos quedaron
atrapados en el pajonal, en el centro mismo de él
se encontraba una mujer de pie mirándolo directamente
a los ojos, el choco con esa mirada oscura y penetrante.
La observo incrédulo, todo en ella era impactante,
su cuerpo de junco cimbreante, su piel cobriza de tanto
exponerse al sol, su rostro era como la luna llena que
reinaba en el cielo de esa noche de enero.
Todo era mágico a su alrededor, su cabellera caía
como una cascada de pelo renegrido y lacio por su espalda
hasta llegar a sus caderas.
Cubría su cimbréate cuerpo una túnica
como de lienzo transparente que la vestía hasta
por debajo de sus rodillas.
Miles de pensamientos cruzaron por la mente del hombre,
miles de sentimientos cruzaron su pecho, pero algo podía
reconocer, aquella india era la belleza hecha carne, era
la expresión de la belleza que el espíritu
no puede plasmar que solo los locos pueden contemplar.
El hombre no reaccionaba, como hipnotizado observaba los
acontecimientos en el pajonal.
Ella giro su cabeza hacia los lados y muy lentamente camino
hacia la alameda bajo la mirada asombrada del hombre.
Sus pies descalzos se hundieron en el colchón de
hojas y ramas secas que al quebrarse bajo el peso del
cuerpo rompieron el silencio de la noche.
Mirándolo siempre de frente y caminando de espalda
se interna unos metros en la alameda sin perder al hombre
de vista.
La mujer se detiene mira nuevamente al hombre en silencio,
la naturaleza se aquieta, todos los sonidos acabaron de
pronto, solo el viento acaricia la piel cobriza de la
mujer y mueve el lacio pelo, acariciando así su
recta espalda.
El hombre no se ha movido, sigue contemplando extático
aquella escena que no sabe de qué película
de misterio ha salido, trata de razonar , SSS es real
SSS será que se tomó unas cuantas copas
de más en el boliche, no, no era ese el motivo,
el real motivo era su soledad, si su soledad mezclada
con unos vinos sumándole las sombras mágicas
de la noche de luna llena le hacían creer que frente
al comienzo mismo de la alameda había una mujer,
no una mujer, una india, mágica de inigualable
belleza digna para cualquier hombre.
Todo era una locura cerraría los ojos y cuando
volviera a abrirlos todo el hechizo de la luna llena habría
desaparecido, y el recobraría la cordura, lo intento,
cerro fuerte los ojos y fue en ese preciso momento ella
le da la espalda y comienza a caminar internándose
en la alameda.
A cada paso suyo las hojas y ramas secas comienzan a crujir
quebrando el silencio.
El sonido de las ramas al quebrarse hicieron el efecto
deshechizarte del hombre, abrió sus ojos y tomo
conciencia de lo que le estaba sucediendo, tiro de las
riendas del animal que hasta ese momento solo había
sido mudo testigo de lo que ocurría, el hombre
taloneo al animal animándolo a la carrera rumbo
a la mujer que se iba perdiendo en la alameda.
No sentía miedo, era como si toda su adrenalina
se hubiera puesto en funcionamiento, el alcohol desapareció
de su sangre y su mente, mientras que la adrenalina corría
por sus venas como un mar revuelto haciéndole sentir
sensaciones desconocidas para él, era como si una
droga poderosa fuese inyectada en sus venas y lo obligara
a vivir sensaciones desconocidas para él, en pocos
segundos el caballo la alcanzaría, estaría
a su lado, la contemplaría de cerca, se sacaría
las dudas de donde había salido, que hacia sola
en la alameda, ella comprendió lo que le sucedía
al hombre y comenzó a correr por entre los árboles.
Corría ligero, más bien volaba como el viento
flotando en su cabellera, esquivaba los obstáculos
como si conociera desde siempre el lugar, como si estuviera
acostumbrada a recorrer a pie ese lugar.
Apuro su montura, el aire estaba tenso su corazón
desbocado se le salía del pecho, la luz lunar bañaba
el paisaje tornándolo misterioso, formando sombras,
simple marionetas manejada por una gigantesca mano anónima.
La india era una creación más de la magia
del lugar, corría con sus cabellos al viento, dejando
tras de sí una estela del perfume de su piel juvenil,
dulce aroma del murucullo.
El hombre fue impregnando su sentido con ese olor y su
sangre corrió por sus venas desenfrenada, alterando
su mente.
Quiso alcanzarla poniendo su vida en ello.
Castigo con las espuela al caballo el cual en prendió
una carrera desbocada, no temía terminar contra
un árbol, no sentía temor, todo era tan
irreal, frente a el corría una india entre tétricas
sombras y el macabramente la seguía por un monte
a caballo.
Lo que hace la soledad en un hombre, que es capaz de ver
lo que no se ve, en el momento oscuro de su soledad cree
encontrar en una noche de luna llena la mujer perfecta,
siente que la pierde, ella no quiere detenerse, quizás
no puede comprender el sentimiento que a él lo
envuelve.
De pronto ella se detiene de golpe, en el recodo del arroyo
donde termina la alameda, lo mira y camina unos pasos
y se para en un claro despejado, de cara a la luna, la
luz lunar la torna mágica , irreal, .
Él se detiene a contemplarla a muy pocos metros,
en silencio, su voz se niega a romper el silencio para
no romper el hechizo, por segunda vez se pregunta si no
estará enloqueciendo, no, frente a esta de pie
una india de negra cabellera, vestida con una tela transparente,
dueña de una belleza sobre natural, no había
duda que así era, no podía seguir engañándose,
¿Qué brujería era aquella ?él
no tenía una repuesta lógica, seguro no
era un sueño y si lo era quería despertar
pronto.
Hostigo su caballo para que se acercara un poco más
a ella, el animal no respondió al mandato del hombre,
más bien bufaba, clavaba sus patas delantera en
el suelo, inquieto, asustado ante aquella aparición
sobre natural que ponía al animal nervioso ante
la insistencia del hombre, el caballo no quería
participar de ese momento, se encabrito tirando por el
suelo al jinete.
Desde el suelo el hombre contempla a la india que le regala
una sonrisa, alza sus manos hacia el cielo y desaparece
envuelta en la luz lunar.
El caballo desbocado sale disparando por el campo rumbo
a la estancia, el queda tirado en el suelo, entra en un
estado de esquizofrenia total, intento ponerse de pie,
por el esfuerzo realizado pierde el equilibrio y cae golpeando
su cabeza, pierde el conocimiento entrando en un profundo
sueño.
A la mañana siguiente sus compañeros encontraron
el caballo ensillado en la portera de la estancia sin
su jinete, hecho que les llamo la atención, ya
que nunca había sucedido, preocupados salieron
a buscarlo encontrándolo al poco rato a pocos metros
del portón.
Estaba completamente desnudo, corría desesperado
de un lado a otro sin detenerse buscando algo que se le
había perdido.
Su mirada extraviada, sus ojos enfebrecido, perdidos,
su voz ronca desfigurada, buscando desorientado algo que
solo él veía, era el vivo retrato de la
locura.
Sus compañeros se preguntaban qué había
sucedido, era la locura de la soledad llena de sombras
que tiene un hombre por las noches.
De ella nada se supo desapareció en las ruedas
de mate amargo de las estancias de fogones apagados por
las noches y en las ruedas de borrachos en los boliches
de sucios mostradores, paso a ser una leyenda, una más
de las que corrían en las ruedas de los gauchos,
de viejas comadronas por las tardes de tedio del paraje.
Y…. de él,… el conto con cordura lo
sucedido, pero su cara desfigurada de desequilibrado,
sus ojos afiebrado por la locura no daban crédito
de sus palabras, por eso nadie le creyó, entonces
su mente se fue en un viaje sin regreso a ese mundo de
sueños en el que el hombre común no pude
creer.
Increíblemente termino loco, desequilibrada su
mente, encerrado en un manicomio cualquiera, olvidado
pero dentro de su locura aun prendida en la retina de
sus pupilas se puede observar a una india corriendo por
la alameda vestida con lienzo transparente con su cabellera
al viento bañada por la luz lunar, acompañada
de sombras arabescas, marionetas manejadas por los hilos
de la soledad.
|
|
|
|
|