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Si
tan sólo pudiese hablar en verso de las vidas ajenas.
Los escritores nos maldecimos a nosotros mismos,
nos maldecimos cuando contamos siempre nuestra historia.
Del derecho y del revés,
desde arriba hacia abajo,
desde todos los ángulos.
Trepanar las neurosis propias, no trae el alivio anhelado,
y perturbamos nuestros sin sentido,
haciendo evidente la locura de la que estamos formados.
Porque aunque jugamos, continuamente con la muerte.
Aunque escribamos sobre ella
y de ella
y por ella
sólo somos eternos cobardes
cobardes con bastante mala suerte
de tener la escritura como amante
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