Siempre fui por inercia hacia al amor furtivo,
aquél de las ciudades portuarias: Buenos Aires
con filo de arrabal, La Habana vieja,
Lisboa y sus Biralbos misteriosos.
Aquél del bandoneón y las guitarras
que tejen un acorde negro y rojo;
aquél de los teatros en penumbra
con maletas abiertas de tejidos
y chales años 20 y nicotina,
o el sobrio mostrador donde convergen
silencios de licor y penas golfas.
[De “Tatuaje”,
Hiperión, Madrid, 2004]