Aquella soledad de los niños acróbatas
que doblaban su cuerpo en el instante
en que doblan la infancia,
descalzos por caminos polvorientos
con los titirimundi y los tratantes,
de feria en feria; el vértigo, el trapecio,
unos frágiles miembros desnutridos
girados en posturas imposibles;
sostener en el aire, entre poleas,
un porvenir hostil donde se rompe
la magia de los circos.
[De “Cortes de luz”,
Rialp, Madrid, 2010]