| No
sé si eres de carne o de otro mundo,
si eres realidad o un mero invento,
pero intento buscarte cada noche
viajando por mis sueños,
y fundirme contigo y con tu aliento.
Te abrazo y voy venciendo, en el más
bello
tablero de ajedrez, la gran partida...
Te quiero con fiereza inusitada,
mi mano en tu cadera que resbala
como un escalador hacia su abismo.
Tú juegas con las blancas, yo con negras.
Blanco el halo de seda que te ciñe,
blanca tu palidez de vestal joven,
blanca el alba que se alza sorprendida
y alumbra mi fracaso.
Negras son las esquinas de la espera
y negros mis sollozos por tu ausencia,
como negro el presagio que desvela
el destino fatal de no encontrarte
junto a mí al despertar por la mañana.
Mas no quiero entregar mi rey ya muerto
y prefiero jugar, seguir jugando,
con tu sexo y tu luz un nuevo día
y sumirme en tinieblas como siempre,
tras de darte mi adiós cada alborada.
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