La palabra parece eco en el vacío.
Sé que está.
Volví a garabatear la voz.
Ella se paraliza justo en mi frente.
Allí, un conglomerado de lodo amasado en polvo
se viste de miedo al sentir.
No imploro su regreso, se dio a mí.
Gocé en ella.
Fue beso en mi boca.
Raíz desenterrada en vuelo.
Ahora,
que maúlle mansamente en tus manos.
Ámala.
Poema incluido en el poemario “Palabra
duende sin final”