Cerrar los párpados,
en la calidez de manos dormidas.
Enfría la frente.
La piel se templa.
Nariz,
boca y ojos
se condenan al desvelo negro
sobre la palabra clara del silencio.
Y mientras tanto,
voces distorsionan el susurro dulce de la ausencia.
Noche abierta a lobos.
Duerme la niña sobre tejados cielo.
Mentira.
El sueño congelado
cuelga del pecho de amantes en verso.
Es la poesía lecho de luna.
Cicatriz de heridas.
Alma.
Sangre.
Cuerpo.
Baraja en juego.
Vuelo.
Poema incluido en el poemario “Palabra
duende sin final”