Hay un mundo de palabras que se retuercen
en la acartonada violencia de lo pensado.
Nada como escribir bajo la inspiración
de ausencia rodeada de presencia.
O tomar prestado el beso de otros,
cubriendo de labios la soledad.
Voces que se mezclan con motores en marcha.
Dedos prensados a teclados,
sabedores de ese torrente desbordante
que arrastra despojos.
Deseosos de calco, amor y odio.
Soez de un dos tocado y hundido por el uno.
Ese que no existe.
Insufrible la desdicha
de no ser triunfo en el andén
que lleva el nombre de todos,
la vida.
Poema incluido en el poemario “Palabra
duende sin final”