Se me ocurre, besarte la mirada,
persignarte la frente,
bendiciendo los días,
y velando tus noches.
Se me ocurre, crucificar mi cuerpo,
cubrir mi cabeza con una corona de espinas,
y aprender a rezar como lo hacías tú.
Se me ocurre, empezar a creer en Dios,
sólo por amor.
Se me ocurre, confesar mis pecados,
vaciar la maleta y viajar a tu lado.
Se me ocurre, rogarle a San Antonio,
postrarme por las dos,
y decirle que se nos olvidó la razón.
Sus ojos me han dicho,
que no sueñe con la luna,
que me bañe en el mar,
que por la noche,
pinte estrellas en la oscuridad,
y que deje de odiar.
Poema incluido en el poemario “La
huella de tu olvido”