|
No
me beses si no es para quemarme —me decías—
si no es para colmarme del más dulce veneno
y ofrecer a mi boca la hoguera y la esperanza.
No hace falta que me abrases las entrañas,
que descosas mi cuerpo, igual que un cirujano,
para volver a remendar tanta tristeza.
Sólo quiero que recojas de mis labios
las pavesas heladas que otros labios dejaron,
que llenes con el gesto de tu lengua melada
mi oscuro paladar, mis vulnerables dientes,
y cada comisura que mi boca esconde.
Acércate a besarme, no lo dudes,
ahora que hay rocío sobre la leña
de esta bóveda abierta a las hogueras.
Y si algún día te alejas, volátil como
el humo,
dejando mi corazón en plena umbría,
remíteme las señas del mar en el que habitas
para saber donde arrojar tanta ceniza.
|