Vosotros,
alquimia que se crece hacia lo cierto,
vivís soñando la luz y sus destellos.
Habéis andado un camino oscuro y sinuoso
y ajenos al Olimpo de los dioses
ensalzáis la palabra sobre un pódium aún
tierno.
¿Qué palomas de hielo se posan en la noche
de los cirios?
¿Qué margen de verdad es el que evoca
el canto de las musas?
Humildad y constancia —compañeros—
disfrute y larga espera.
Si sembráis en la tarde la semilla temprana del
almendro
recogeréis el fruto en la paciencia justa de los
versos.
Por eso yo os aliento, muchachos del alba,
en la búsqueda que imploran las palabras:
ejercitad la luz —os digo—, cubrid de lluvia
el fuego,
y haced de la experiencia
un diamante que transpire su brillo en cada estrofa.
Y si algún día llegáis a lo más
alto
no dejéis que el desdén se aferre a vuestros
cuerpos
como musgo supremo. Gozáis al fin y al cabo
del tiempo y del vigor con que la vida apremia
el entusiasmo y la frescura de los nuevos bardos.