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Queda el desierto atrás, llego a la orilla
y brilla con destello el agua clara
que separa esta muerte de la Vida
por la herida que ayer aún sangraba.
Son los cielos testigos del reflejo
del espejo en que miro la indecencia
y a conciencia remojo con denuedo
este miedo a ser yo quien se refleja.
He mirado sabiéndome perdido
y he querido dejar en este río
el hastío de ser tanto yo mismo.
Quiero verme distinto desde ahora
porque mora en mi ser el Ser divino
y camino al Jordán desde la historia.
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