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Cuando tienes el cuerpo traicionado
por la ausencia de amor, desconocido,
en el templo del alma está obstruido
el afán de querer ser conquistado.
Cuando tienes el alma camuflada
por legiones de cuerpos, requerida,
en el gesto del sueño está escondida
la razón de saberse enamorada.
En el alma del cuerpo ya prefiero
que no baile el querer con tanto brío
ante el hecho -quizás- que más venero.
En el cuerpo del alma siento frío
cuando el hielo de amor cubre tu cuero
y tu cuero se vuelve cuero mío.
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