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Silencioso gemido nos persigue
con ávido fulgor esta mañana
entre las simples cosas matutinas
y bajo las tenues voces cotidianas;
advierto tras la sombra otro sentido
que el que otorga este sueño a su morada.
Resisto las pasiones y se angustia
esa frágil ternura que me embarga.
No soy yo quien me obliga a ser yo mismo.
Siento pasos buscando la fragancia
donde emana el aroma enloquecido;
ah, los gestos fugaces nos delatan
por arropar secretos bajo auroras.
En los ojos reposan nuestras voces
y se esconden más voces que le aguardan
agitando el rumor de los silencios
en la noche tenaz que nos abrasa.
Barrio antiguo de casas coloniales,
manantial silencioso de la plaza
donde brilla el latido del deseo
contenido en la esencia que le ampara:
ya se alejan dos sombras por las calles
y en opuestos sentidos van sus ansias.
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