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A
Oqba Ibn-Nafaa
Cuántos pasos nos llevan tras más pasos.
Eternos peregrinos del Magreb:
en caminos de fuego y de veredas
el polvo de la tierra se sacude
en la lluvia de arena suspendida.
El eco se pregunta por sí mismo
y tú, la voz que gime al espejismo,
alzas con majestad el monolito
que apunta al cielo azul de nuestro cielo;
eres la gran mezquita siete veces
por las siete razones que te amparan
en estos siete siglos que padeces.
Y el otro que me acecha
que quiere ser yo mismo y seguir siendo
se adentra en la oquedad por sus pasillos
blandiendo cobre y plata majestuosos.
Y no has fumado aún y el humo espera
rondar por las alfombras en olores
impregnando rodillas que se aprestan
al descenso de cuerpos inclinados.
Y el otro, el peregrino, ya no acecha;
deja de ser la sombra de sí mismo
y acude al gran santuario a reclinarse.
Y allí se encuentra apenas reflejado
entre más peregrinos del Magreb
que han llegado del fuego y las veredas.
Cuántos pasos llegaron con sus pasos.
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