| |
He llegado al Jordán arrepentido,
polvoriento, sudando y maloliente,
procedente del mundo y consumido
y arrastrando un vivir indiferente.
He venido de tierras peligrosas
donde el género humano degenera
y me aflige saber de aquellas cosas
de una edad que libó mi primavera.
Hoy que llego a la orilla de este río
sumergirme quisiera en su agua pura
desechando lo inerte y lo baldío
y la efímera gloria y su locura
por oír en los cielos: ¡Eres mío!,
en la Voz que aseguro y me asegura.
|